La Cueva (2019): un documental de Feras Fayyad [Reseña]

por Hugo Magaña

Feras Fayyad es un documentalista sirio que ha logrado distintos reconocimientos a nivel mundial. Ha destacado en diversos festivales de cine como el Festival Internacional de Cine de Sundance o el Festival Internacional de Cine de Toronto, logrando su primera nominación a los Premios de la Academia en 2018 con el largometraje ‘Los últimos hombres de Alepo’ (2017), donde retrata la función de tres miembros de la Defensa Civil Siria, conocidos como ‘Los Cascos Blancos’, quienes tienen como objetivo rescatar a los civiles del fuego cruzado de la Guerra Civil de Siria. El año pasado obtuvo por segunda ocasión una nominación al Oscar por su trabajo en ‘La Cueva’ (2019), donde nuevamente La Guerra Civil de Siria vuelve a ser el entorno donde se desarrolla este metraje.

‘La Cueva’ es un  poderoso documental que retrata la labor de un grupo de médicos que atienden a pacientes afectados por el asedio de esta guerra. El nombre de la película proviene de un hospital subterráneo, una especie de laberinto formado por túneles que conecta con diferentes partes de la ciudad en Ghouta.

La cueva (2019), Dir. Feras Fayyad

El documental se desarrolla dentro de una zona controlada por rebeldes pro democráticos en contra del régimen de Bashar al-Ásad, quienes pelean contra el ejército ruso (éste, a su vez, a favor del régimen y contra el Estado Islámico), en esta intervención militar que inició en el año 2015.

En medio de una ciudad devastada por los continuos combates, este cuerpo de médicos se da a la tarea de cuidar a los civiles sitiados y a curar a los heridos de estos enfrentamientos, sobre todo a niños con quemaduras graves por ataques con armas químicas. Una pesadilla que se ha vuelto el día a día. La Dra. Amani, protagonista del documental, es una pediatra y la primera mujer en dirigir este hospital, donde trabaja en situaciones límites: bombardeos constantes, carencia de insumos, quirófanos improvisados, lejanía de su familia y una misoginia tan arraigada tradicionalmente que trata de aplastarla todo el tiempo mientras ella la desafía continuamente. 

La cueva (2019), Dir. Feras Fayyad

En diversas secuencias podemos ser testigos del patriarcado y el machismo contra el que Amani se enfrenta. En una ocasión, uno de los pacientes descalifica su trabajo y al hospital, culpándola por la falta recursos en la clínica y desaprobando su gestión por el simple hecho de ser mujer, recomendándole que sería mejor que regresara a casa y se ocupase de las labores del hogar.

El ambiente que se nos presenta poco a poco es aterrador y caótico. Sin embargo, a pesar de la tragedia que absorbemos, el director logra balancear la trama con intentos cómicos de la monotonía del lugar, lo que lo vuelve mucho más preciso y humano, enriqueciendo a los protagonistas de la historia.

La cueva (2019), Dir. Feras Fayyad

Mientras en una escena podemos apreciar a Amani maldiciendo a los rusos por la guerra y al mismo tiempo consolándose al reafirmar que su labor es por los niños, en otra escena presenciamos a Samahar, una joven enfermera, quien cocina para los pacientes y el personal médico con las pocas provisiones que existen. Entre la precariedad y el ingenio, Samahar se cuestiona brevemente la situación que viven. Por otro lado, el Dr. Salim aplica cirugía utilizando una pieza de Mozart reproducida desde su celular como paliativo, ante la ausencia de anestesia.

El punto más alegre sin duda es la fiesta de cumpleaños secreta que le organizan los médicos a Amani. Con guantes quirúrgicos inflados como globos y palomitas de maíz, tratan de festejarle sus 30 años de edad, evento que es interrumpido por los enfrentamientos de guerra.

La cueva (2019), Dir. Feras Fayyad

El director capta así, de manera sólida, lo complejo de los protagonistas al vislumbrar otras dimensiones de los mismos. La narrativa que Feras emplea para exponer este metraje es observacional y presencial, lo que nos hace recordar al cinema vérité, donde los narradores, voces en off o talking heads no tienen lugar, simplemente lo material y tangible a través de una inmersión cinematográfica tremenda

El trabajo de la cámara y el sonido es excepcional y espeluznante, crea atmósferas claustrofóbicas y ambientes meramente inquietantes e intranquilos. Se establece un interesante juego de iluminación donde lo interno es completamente artificial y lo externo natural, una analogía que podría crear un contraste bastante burlesco. Pese a que la música compuesta por Matthew Herbert subraya las escenas más dramáticas de forma innecesaria ─ya que la misma imagen nos transmite todo por sí misma─, no entorpece el discurso ni la fuerza del documental.

Es formidable la manera en que Fayyad retrata este relato, ya que no se trata de ver la guerra en sí misma sino contextualmente: su efecto y derivación. Esto causa una total impresión emocional y una experiencia vivencial donde no somos espectadores sino testigos y nuestra deliberación mental y emocional traspasa los límites que bordean la pantalla logrando concientizar sobre lo mucho que existe más allá de esos minutos de cine. Es una película cruda y poderosa que más que abordar y exponer una situación socio-política habla de la humanidad, se aleja de la caricatura de héroes y heroínas, del consumo de tragedia y del sensacionalismo, por el contrario, nos hace reflexionar sobre lo que creemos ajeno, los frutos de la violencia y el impacto del yugo patriarcal.

La cueva de Feras Fayyad es un claroscuro en todos lo sentidos, con un ligero dejo de esperanza: un documental muy valiente, desgarrador y socialmente relevante. 

Hugo Magaña

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