“Un eterno presente”: fragmentación y culpa en “Diary of a Murderer” Young-Ha Kim (2019)

Recientemente volví a leer a uno de mis autores favoritos de la adolescencia, Edgar Allan Poe. Como fan del terror psicológico y el suspenso siempre me emociona (re)leer sus cuentos y uno de mis favoritos (sorpresa, sorpresa), siempre ha sido “Tell Tale Heart” pues la construcción del narrador que parte de negar la locura al hablar de un crimen brutal me parece interesante. ¿A quiénes intenta convencer este narrador de su gran intelecto y perfecta justificación del asesinato del viejo? ¿Cuál es el punto, cuando él mismo está confesando su crimen? Son preguntas que me parecen muy pertinentes cuando hablamos de narradores en primera persona y eso me hizo pensar en otros personajes que en ocasiones se encuentran en ese punto medio que oscila entre la locura y la inteligencia superior. Fue cuando recordé que a finales del año pasado me encontré con un libro que me sonó intrigante llamado Diary of a Murderer: And Other Stories (2019) de Young-Ha Kim traducido por Krys Lee. Si bien he hecho del True Crime parte de mi personalidad por varios años, mi acercamiento a la literatura coreana estaba en su auge total al momento de encontrarme con este libro y siempre estaré de humor para una colección de cuentos. La colección me pareció bastante entretenida y algunos de los cuentos me fascinaron completamente.

En el caso de “Diary of a Murderer”, cuento que da el nombre a la colección, uno de los aspectos que más me llamó la atención desde el principio fue la voz narrativa; no sólo porque se plantea desde el inicio que es un asesino serial sino, además, un narrador poco confiable. Quizá es porque estoy acostumbrada a leer a voces narrativas que están admitiendo un crimen como poco confiables (pongo como ejemplo a Humbert Humbert de Lolita, a Amy de Gone Girl, incluso al narrador de “Tell Tale Heart”), pero en estos momentos de la vida no puedo evitar que las narraciones en primera persona me parezcan bastante sospechosas, en especial cuando la voz narrativa explica las razones de su crimen. Sin embargo, lo que se me hace atractivo de este cuento es que la fidelidad de la narración está filtrada al doble por el hecho de tener un narrador que sufre de Alzheimer. En resumen, esta es la historia de Kim Byeongsu un asesino en serie retirado que ha sido diagnosticado con una enfermedad degenerativa e irremediable, en medio de una nueva ola de asesinatos en su área. El asesino se sabe intocable, pues no hay evidencia de sus crímenes y el plazo para presentar un caso en su contra ha expirado, pero este nuevo asesino podría ser Pak Jutae el novio de su hija, Eunhui, y debe protegerla a toda costa. ¿Pero puede proteger a Eunhui de sí mismo? En esta entrada me gustaría hablar sobre cómo tener un narrador-protagonista de esta índole en “Diary of a Murderer”, de Young-Ha Kim, genera una narración fragmentada y ambigua para disfrazar la culpa que siente el protagonista.

El cuento, en mi versión, está dividido espacialmente: cuando una idea, recuerdo, o momento de lucidez termina hay un espacio que le separa visualmente del siguiente. Esta fragmentación parece reflejar el daño a la memoria del narrador y por tanto de su perspectiva: “Recuerdos, registros, engaños—no puedo separarlos más” (Kim 53). La voz narrativa se declara incompetente para dar una declaración coherente y “real” de lo que ha sucedido en su vida al tener una enfermedad degenerativa; sin embargo, hace un esfuerzo por narrar su versión de los hechos. Esta fragmentación vuelve la narrativa altamente confusa y complicada de seguir a momentos, pues la línea temporal del relato se ve interrumpida constantemente. Entre fragmentos del pasado, conversaciones con Eunhui, visitas al doctor y una especie de paranoia al saber que la policía está activamente buscando a un criminal se juntan para darnos una perspectiva general de lo que sucede en el cuento, pero al tratarse de un narrador deficiente siempre hay dudas al momento de leer. “El perro de al lado sigue paseando en nuestra propiedad … Cuando lo veo me ladra … El perro ni siquiera huye cuando le avientas una piedra, sólo se encoge. Cuando Eunhui regresa del trabajo me dice que el perro es nuestro. Miente. ¿Por qué Eunhui me mentiría?” (Kim 21). Si bien la narración conduce a pensar que es la voz narrativa quien olvida y duda de la realidad, el juego va más allá cuando en páginas posteriores la información que ha planteado se vuelve completamente contradictoria: “‘El perro ha desaparecido.’ ‘Papá, ¿cuándo en la vida hemos tenido un perro?’ ‘Qué raro. Estaba seguro de que teníamos un perro'” (Kim 41). ¿Qué es real dentro de la diégesis y qué tanto podemos confiar en quién nos da acceso a ella? Hay un constante vaivén entre lo que se narra y lo que “realmente” ocurre e inclinarnos a cualquier lado sigue generando dudas que la voz narrativa propicia: “La tercera víctima fue encontrada poco después del veredicto de mi Alzheimer, así que naturalmente me pregunté a mí mismo: ¿soy yo el asesino?” (Kim 7). El narrador habla y cita conversaciones que ha tenido con otros personajes para dejar pruebas de que en verdad sucedieron, pero constantemente duda de la información que él mismo ha proporcionado, como es el caso del perro y la posibilidad de que sus días de retiro hayan terminado sin darse cuenta. Al terminar el cuento y reunir todas las piezas algunas cosas comienzan a tener sentido, mientras que otras se quedan sin resolver. Al final del día tenemos el recuento de alguien que no puede confiar ni en sí mismo y como lectora tampoco me sentí inclinada a creer en lo que se narraba.

Una de las cosas que más me interesa sobre las voces narrativas en primera persona es que usualmente me siento obligada, hasta cierto punto, a empatizar con les personajes-protagonistas. Es algo que he experimentado, incluso involuntariamente: desear que le protagonista triunfe por sobre todas las cosas, pues al final es a su mundo y a su perspectiva a la que tengo acceso. En este caso estaba determinada a intentar no empatizar con el personaje si podía evitarlo. Pensé que sería una tarea fácil, pues desde el inicio hay un cierto tono cínico en la voz narrativa: “así como los estudiantes tienen un cuaderno con todos los errores de sus exámenes, yo también llevaba un historial meticuloso de cada paso en mis asesinatos y lo que sentía al respecto” (Kim 4). El narrador plantea que matar a otres es como un hábito trivial y cotidiano en el que puedes mejorar con cada momento de práctica sin ningún remordimiento. Por otro lado, se describe como un ser metódico y hábil que ha podido seguir su vida tranquilo, completamente desasociado de cualquier culpa o preocupación. Esto cambia cuando eventualmente el narrador se muestra vulnerable al hablar de su relación con Eunhui y su deseo de protegerla de esta nueva amenaza. “Mi vida puede dividirse en tercios: mi infancia antes de matar a mi padre; mi juventud y mi vida adulta como asesino; y mi vida en paz cuando dejé de matar. Eunhui simboliza este último tercio de mi vida” (Kim 26). Si bien el protagonista no muestra ninguna señal de arrepentimiento por sus crímenes, Eunhui se vuelve un recordatorio constante de la vida que ha dejado atrás y a la cual no debe volver. Sin embargo, al presentar la posibilidad de un nuevo asesino serial, Park Jutae, el protagonista lo toma como algo serio y peligroso: “Ronda por mi casa como un lobo, observando cada uno de mis movimientos. Si me acerco a él para hablar desaparece rápidamente. ¿Está tras Eunhui?” (Kim 12). En una segunda lectura me doy cuenta que la constante amenaza que el narrador siente por Park Jutae tiene que ver con su conciencia intranquila manifestándose. Al introducir un elemento de tensión por el cual la voz narrativa debe luchar contra su incapacidad de generar nuevos recuerdos, Kim Byeongsu demuestra que su paranoia no está dirigida a sus crímenes pasados, sino a la culpa y la completa negación de haber matado a Eunhui. “No recuerdo nada sobre la muerte de Eunhui, aunque la policía parece haber encontrado las herramientas que usé para matarla y enterrarla … La gente dice que mis recuerdos de Eunhui son falsos” (Kim 67). Sin embargo, estos momentos en los que el narrador demuestra el afecto que le tiene a su hija me llevan a pensar que el propósito de la narración en realidad es expiar la culpa que siente por el crimen que ha cometido en su vejez. 

La voz narrativa enfatiza constantemente que no es sólo su memoria la que está fallando, sino que el lenguaje mismo, tanto escrito como articulado, es inútil para comunicarse con sí mismo y con otros. Al estar atrapado en lo que denomina “un eterno presente” (Kim 45), expresarse carece de sentido al no tener un referente claro en cuanto a su propia existencia temporal. Se dice que escribir, poner pequeñas notas, incluso grabar lo que se considera importante ayuda a recordar, pero cuando las palabras no tienen sentido en primer lugar no sirven de nada las repeticiones. “Las palabras me escapan lentamente. Mi cabeza se está convirtiendo en un pepino de mar. Un hoyo se está abriendo. Es viscoso y todo escapa de él” (Kim 11). Si el lenguaje mismo que el narrador usa para contar su historia y hacer sentido de lo que sucede en su presente no funciona, la narración deja a le lectore el papel de poner todas las piezas en orden y formular sus propias conclusiones. Cuando otros personajes revelan que todo lo que la voz narrativa ha planteado sobre Eunhui hasta ahora es completamente falso, el narrador se muestra renuente a aceptar, a pesar de su condición, que todo haya sido producto de su enfermedad: “¿Qué pasa con todas mis conversaciones con ella? ¿Las había inventado todas? Eso es imposible. ¿Cómo puede la imaginación ser más real que todo lo que estoy experimentando ahora mismo?” (Kim 68). La voz narrativa muestra una imposibilidad de adquirir conocimiento al tener que discernir entre trozos de información que parecen incompletos, irreales y de procedencia dudosa por parte de la policía. Al tratarse de un narrador que no puede comunicar la culpa que siente en realidad, usar una narrativa fragmentada crea esta ambigüedad que, a regañadientes, permite empatizar con el protagonista: “un paciente con demencia es alguien atrapado en una celda donde las paredes colapsan hacia adentro” (Kim 48). El narrador está atrapado en una realidad que no comprende y está huyendo de su propia conciencia por lo que no puede dar fe de lo sucedido y se cuestiona completamente todo lo que cree que sabe sobre sí mismo. 

Creo que una de las cosas que más disfrute en esta lectura fue unir todas las pequeñas pistas, como suele pasar en cuentos detectivescos y de crimen, pero la forma en la que este cuento pone en duda toda la información que propone me parece bastante efectivo al momento de revelar el gran misterio, pero sin contestar todas las preguntas. Quizá disfruto mucho de la multiplicidad de lecturas y he aceptado que no todo deber tener una sola respuesta, o respuestas en sí, pero si este cuento plantea desde el inicio una voz narrativa de la cual nunca podríamos fiarnos, también agrega el elemento de la pérdida de memoria para enfatizar que no podemos dar por hecho nada de lo que leemos. El uso de un narrador deficiente en primera persona hace de este cuento un trabajo de decodificación constante que podría no tener ningún sentido, pues, al fin y al cabo, parece que nunca llegamos a la verdad. Me parece que si bien intenté en lo más posible no empatizar con el protagonista, hubo momentos en los que no pude evitar hacerlo. Una vez que el asesino se encuentra en prisión por el crimen que no puede recordar o aceptar que cometió le dice al detective: “No comprendes. Quiero recordar lo que pasó más que nadie. Señor, yo quiero recordar, porque es preciado para mí” (Kim 67). Si bien esta cita podría leerse como otro instante que el asesino quiere recordar para alimentar su ego de un crimen tan perfecto que ni él mismo lo recuerda, me parece que puede leerse como el momento de quiebre en la voz narrativa; establecí anteriormente que la imagen de su hija representaba una paz interior y el cierre de un ciclo de violencia. Puede que el uso de un narrador en primera persona haya funcionado de nuevo y caí en la trampa de empatizar con un personaje que no debería, pero prefiero pensar que el cuento y las estrategias narrativas son efectivas. La ambigüedad que genera el tener un narrador deficiente y una narración fragmentada me llevaron a interpretar este cuento como una confesión de la culpa que el narrador no puede expresar a falta del lenguaje para comprender algo que no recuerda pero que le carcome por dentro.

Bibliografía:

Kim, Young-ha. “Diary of a Murderer”, Diary of a Murderer: And Other Stories. Traducido por Kryss Lee. Mariner, 2019. PDF.

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