Reflexiones sobre la representación de Latinoamérica en In the Heights (2021)

Me encantan los musicales. No sólo porque disfruto los bailes, la música y el espectáculo, sino porque también tengo una conexión sentimental con el género, ya que me recuerda a muchas personas queridas. Me acuerdo cuando estaba en la primaria y mi mamá nos llevaba a la Casa de la cultura de la Venustiano Carranza a ver versiones de bajo presupuesto de José el soñador, Vaselina o de Jesucristo superestrella. También me recuerdan a los fines de semana que pasaba en casa de mi abuelita: no había mucho que hacer y siempre recurríamos a alguno de los cinco dvds que ella tenía, entre ellos Cats y Joseph and the Amazing Technicolor Dreamcoat. Por último, me recuerdan a esos viajes en carretera donde mi papá llevaba su edición de lujo, de dos discos, con todas las canciones de Jesus Christ Superstar y pasábamos el viaje cantando sin saber exactamente qué significaban las canciones (bueno, al menos yo). [1]

En estos últimos años, hemos sido bendecidxs con varias películas musicales que quizá apuntan a un resurgimiento de un género que se creía olvidado o que quizá se consideraba demasiado anticuado para las audiencias contemporáneas. Y justo en este tema, creo que no podemos hablar de lo que se ha hecho recientemente en el teatro musical o en las películas musicales sin hablar de Lin-Manuel Miranda, el aclamado escritor del musical de Broadway Hamilton, pieza que vino a romper con muchas de las ideas tradicionales del musical al incluir géneros como hip-hop y rap y un elenco de razas y orígenes diversos para representar a los padres fundadores de Estados Unidos. Sin embargo, Hamilton no fue el primer musical de Miranda en Broadway. Años antes, cuando quizá no era tan conocido, Miranda presentó In the Heights, un musical sobre un barrio latinoamericano en Nueva York y sobre las luchas y aspiraciones de la gente que vive ahí. De origen puertorriqueño pero habiendo vivido prácticamente toda su vida en Estados Unidos, Lin-Manuel Miranda incluye en sus obras temas como la identidad, la inmigración y la discriminación y los combina con ritmos y estilos que no son muy comunes en los musicales. En In the Heights, Miranda no sólo innova a nivel musical, sino también a nivel de representación al tener un elenco que es en su mayoría latinoamericano (sólo con una o dos excepciones) representando precisamente personajes latinoamericanos que actúan como protagonistas de esta historia. No es que no haya habido personajes latinoamericanos en musicales de Broadway antes de Lin-Manuel Miranda, es que la manera de representarlos quizá no había sido la correcta. Es por eso que en esta entrada me gustaría reflexionar en torno a las representaciones de Latinoamérica y su gente en la película In the Heights (2021) la versión fílmica del musical de 2005. Abordaré distintos aspectos y lo que considero como aciertos o fallas al momento de representar la identidad latina a través de la música, del comportamiento y de la lengua.

En primer lugar, es necesario hablar brevemente sobre los personajes de esta ficción, ya que el musical no se centra en una sola historia sino que abarca la vida de varias personas de origen latinoamericano, sus grandes sueños y pocas posibilidades de lograrlos. Si bien podríamos decir que Usnavi (el dominicano que sueña con volver a su país de origen y reabrir el restaurante junto a la playa que tenía su padre) es el personaje principal porque es el narrador de la historia, me parece que las historias del resto de lxs personajxs son igual de relevantes en la trama. Aquí una breve descripción del elenco: tenemos a Nina, la primera en su familia (y en todo el barrio) en ir a la universidad; su padre, Kevin, trabaja sin descanso para poder pagar las elevadas colegiaturas; Vanessa, quien sueña con ser diseñadora de modas y mudarse a un barrio en el centro de la ciudad; Sonny, un inmigrante ilegal que no posee los documentos necesarios para cumplir sus sueños; la abuela Claudia, quién llegó al país cuando era niña y ahora actúa como la abuela postiza de varias de las personas aquí mencionadas y es considerada, por lo tanto, la matriarca del barrio; las chicas del salón (Carla, Daniela y Camila) que se ven obligadas a mudarse porque la gentrificación del barrio hace que ya no puedan pagar la renta del local; y Benny, de ascendencia afroamericana pero no latina, que trabaja para el papá de Nina y es el interés romántico de esta. 

Las historias de todxs lxs personajes están enmarcadas no sólo por la narración de Usnavi, que le está contando a un grupo de niñxs los eventos alrededor de un gran apagón, sino que también están enmarcadas por el ritmo y el baile. Como dice Usnavi al principio de su historia: las calles estaban hechas de música. Y bueno, esto no es inusual porque estamos hablando de un musical y hablar de la música siempre resulta relevante en estos casos, pero lo cierto es que In the Heights difiere bastante de otros musicales en este aspecto. 

El teatro musical tiene ciertas reglas y convenciones que moldean nuestras expectativas y nuestro entendimiento de éste. Resulta sorprendente escuchar ritmos latinos dentro de uno porque la inclusión de salsa, merengue e incluso reggaetón es algo bastante inusual dentro del género. En su ensayo acerca de los elementos del género musical, Laurence Malso explica que “el musical ha capturado todos los modismos de la expresión estadounidense” para llegar a lo que ahora se conoce como “el sonido Broadway”; es decir, la manera en la que los musicales comparten ciertas características nos da la habilidad de escuchar una canción y saber que viene de un musical (no ahondaré en los aspectos técnicos porque no conozco lo suficiente de música para explicarlos, pero pueden ser algunos ritmos, tonos y estilos de canto) de la misma manera en que podemos distinguir entre los distintos géneros musicales.[2] Entonces, justamente al incluir en esta mezcla ritmos de origen latinoamericano se capturan los modismos contemporáneos de la expresión estadounidense y es por eso que la música de esta película no suena como la de la mayoría de los musicales, pues (por fin) se ha trasformado para incluir a un sector muy numeroso de la población estadounidense.[3] Ahora bien, en In the Heights no se representa exactamente lo latinoamericano, sino lo latino-americano (latino-estadounidense sería un término más apropiado y menos confuso para describirlo #AméricaEsUnContinente), entonces me parece que tarde o temprano el musical tenía que llegar a estos lugares si pretendía capturar realísticamente la expresión estadounidense, ya que los inmigrantes forman una buena parte de ella. Y esto tiene todo el sentido del mundo porque en los musicales, las canciones y los bailes sustituyen las palabras y acciones que representan lo que lxs personajes dicen o hacen. Me parece coherente que, si un musical pretende representar a personas de Latinoamérica, las canciones incluyan ritmos de esta región. 

© Warner Bros. Pictures

Ahora bien (y esto es algo que probablemente ya estaban pensando si les interesan los musicales), en West Side Story ya tenemos una historia sobre personas de Latinoamérica con algunas canciones que incluyen ritmos latinos (por ejemplo, la canción “America” comienza con una clave latina en la misma manera en que lo hace “In the Heights”). Y aunque West Side Story ilustra un conflicto que involucra a una pandilla de puertoriqueños que viven en Nueva York, la manera de representar a las personas de Latinoamérica es muy distinta. No pretendo que esto se convierta en una crítica de todo lo que West Side Story hace mal en cuanto a representación, pero sí me parece importante señalar algunos aspectos de este tema para tratar de entender por qué In The Heights acierta en ciertas decisiones y cómo vino a cambiar ciertas convenciones en el género de los musicales. En WSS tenemos al latino-americano estereotípico, ese que es pobre y dedica su vida al crimen, una creencia errónea que perdura hasta el día de hoy y que contribuye al odio y al rechazo hacia los inmigrantes de Latinoamérica. También, ninguno de los personajes habla español aparte de unas cuantas palabras insertadas en lugares extraños. Incluso las referencias culturales son inexactas: hay una extraña mención a los tamales, que los hace parecer un plato puertorriqueño cuando en realidad se trata de un platillo mexicano. Y por último, tenemos al elenco, por mucho que haya amado la actuación de Natalie Wood como María, la actriz no tiene nada de latina. Un falso acento y el trabajo del departamento de peinado y maquillaje (que usó un tono de maquillaje oscuro para que los actores blancos se vieran más bronceados) no puede cambiar este hecho. No puedes tener representación latina si los actores no son latinos. 

Y sí, WSS es un musical de otro tiempo donde no se tenía conciencia de las repercusiones que tenían estas acciones en cuanto de la representación de Latinoamérica y sería anacrónico juzgarlo con base en los estándares contemporáneos, pero tener WSS en mente mientras analizamos In the Heights sí puede ayudar a darnos una idea de si ha habido progreso en cuanto a la representación de Latinoamérica y de cuán innovador es realmente Lin-Manuel Miranda. Por ejemplo, en WSS las diferentes culturas latinoamericanas son intercambiables (el incidente de los tamales), mientras que en In the Heights se reconoce la unión, pero al mismo tiempo la diversidad que implica pertenecer a una comunidad tan amplia, esto lo notamos principalmente en “Carnaval del barrio” un número musical donde inmigrantes de diversos países muestran su bandera y ejecutan una pequeña coreografía con pasos emblemáticos de su tierra. Así, todos bailan al mismo ritmo pero en diferentes estilos.

Adicionalmente, algo que resalta en los personajes en In the Heights es que ninguno de los personajes muestra el comportamiento estereotípico que se le atribuye a los latinoamericanos que buscan en Estados Unidos una vida mejor que la que tenían en su país de nacimiento. Principalmente vemos gente que trabaja hasta al cansancio y que no cae en el estereotipo violento o delictivo con el que se asocia a los migrantes. Justamente me parece que es fácil identificarse con algunas de sus dificultades y sueños por el hecho de que son latinoamericanxs, incluso si unx no vive en Estados Unidos. Por ejemplo, en México también existen los padres que buscan que sus hijxs se superen y sean mejores, que hacen lo imposible por que consigan una educación de calidad; también se llega a tener menos credibilidad/oportunidades dependiendo del lugar de donde vienes. En lo personal, un detalle que me impactó mucho por su sutileza en cuanto a la representación física de las personas de Latinoamérica es que, cuando Nina llega de la universidad, lo hace con el cabello lacio y suelto, peinado de la manera en que la sociedad occidental dicta que se ve más arreglado y adecuado. Después de que acude al salón, su cabello vuelve a ser naturalmente rizado, como el de la niña que vemos en sus recuerdos, lo que sutilmente problematiza la manera en que se ve obligada a esconder sus orígenes y a transformarse para tratar de encajar en una sociedad que no acepta lo diferente. Quizá no toda Latinoamérica encuentra algo con lo que identificarse en el filme, pero resulta reconfortante ver representaciones de Latinoamérica que se nota fueron pensadas por una persona que conoce Latinoamérica y a su gente. Aunque los latino-americanos enfrentan diferentes problemas en cuanto a identidad, asimilación, discriminación, entre otros, y aunque la comunidad latinoamericana es diversa y no entra toda en la misma caja es bueno ver que alguien se toma del tiempo de retratarla con respeto y de manera informada.

También me gustaría abordar brevemente el aspecto de la lengua. No hay que perder de vista que se trata de una producción Hollywoodense que, si bien emplea en su mayoría a actorxs con raíces latinoamericanas, se produce en un contexto extranjero; sin embargo, quiero resaltar dos aspectos positivos que sí ocurren con esta película. Primero, la inclusión del español en diálogos y canciones de manera natural. El número de películas de producción estadounidense que pretenden representar historias de diferentes países y culturas usando el inglés como “idioma universal” es muy grande. Me viene a la mente Silence (2016) de Martin Scorsese, que retrata de la historia de varios misionarios portugueses que hablan todo el tiempo en inglés y que claramente tienen problemas para pronunciar las pocas palabras portuguesas que sí utilizan (nadie en la película logra pronunciar todas las erres en “Ferreira” con éxito). Simonna Bertaco, en su libro Language and Translation in Postcolonial Literatures, explica que el lenguaje tiene un papel crucial en contextos donde existe un confrontación cultural (3) y, usando como ejemplo la manera en que Babel (2006) retrata distintas culturas usando distintos idiomas, explica que “necesitamos pensar dos veces acerca del lenguaje que usamos y tres veces cuando hablamos del inglés como un lenguaje universal” y que lo que hace Iñarritu con su película “amplía el significado del lenguaje como una parte concreta, incluso vital, de nuestra experiencia en el mundo” (3). Me parece que la gente de Latinoamérica que habita en Estados Unidos vive siempre en el umbral entre dos culturas y dos idiomas, si bien no todas estas personas hablan español, para las personas que sí lo hacen el cambio entre las dos lenguas y el code-switching son una realidad. Entonces, me parece un acierto que In the Heights incluya palabras, oraciones o incluso intercambios enteros, tanto en español como en inglés, que representan la mezcla de culturas que día con día viven los personajes de esta historia. Estas personas entienden el mundo a través de dos idiomas distintos y es muy importante que eso forma parte de un musical que tiene como temas principales la confrontación cultural y la identidad.

En segundo lugar, me parece importantísimo el hecho de que el español de In the Heights es gramaticalmente correcto. Mi felicidad ante lo que debería de ser el estándar se debe a que, en muchas producciones de Hollywood donde se incluyen fragmentos de diálogo en español, las faltas de conocimiento del idioma resultan evidentes para quienes realmente lo hablamos. Personalmente, me molesta esto no tanto porque haya errores en el vocabulario o la gramática (al final incluso quienes hablamos español como legua materna cometemos errores) sino porque refleja la falta de interés en una representación fidedigna de las personas de Latinoamérica que hablamos español. Estoy segura de que podrían haber conseguido alguna persona que hable español (no debe ser difícil, si consideramos el número de latinoamericanos que habitan en California, donde se encuentran los principales estudios de cine) pero ni siquiera se tomaron la molestia. Un ejemplo de este mal uso del español que me viene a la mente es la película animada Coco (2017). Fuera del hecho de que Disney y Pixar se han centrado, en estos últimos años, en hacer películas con protagonistas de distintos países para supuestamente promover cuestiones de representación y visibilidad de diversas culturas (yo lo llamaría apropiación cultural porque incluso intentaron registrar como marca el Día de muertos y todos sus elementos, con el propósito de vender mercancía alusiva a la festividad, pero ese es otro tema).[4] La película Coco fue un éxito en la taquilla, como todas las películas de Disney-Pixar; sin embargo, aunque la película pretende hacer más realista la representación de la familia mexicana al insertar ciertas frases en español en los diálogos, en muchas ocasiones estas no son gramaticalmente correctas. Por ejemplo, la abuela de Miguel le dice “It’s día de los muertos”, cuando lo correcto sería “It’s día de muertos” o incluso “It’s el día de muertos.” Parece un detalle menor y poco importante, pero nadie en México diría “día de los muertos”: “it’s día de los muertos” es una traducción palabra por palabra de it’s the day of the dead, la manera en que los estadounidenses se refieren a esta festividad originaria de México. No es un crimen no saber cosas, pero sí me parece un error muy grave si tu intención es representar y visibilizar una cultura extranjera.

Sin embargo, en In The Heights, el español se utiliza en palabras, frases o incluso intercambios completos (como el del piragüero y Usnavi durante la primera canción del filme) pero siempre cuidando la gramática y la naturalidad de los que se dice e incluso usándolo para ilustrar algunos de los temas de la película. Un ejemplo de esto ocurre en la canción “Breathe”, donde Nina reflexiona acerca de lo que siente al regresar a su barrio después de pasar un año en la universidad. En el estribillo de la canción, un coro compuesto de vecinos canta en español “Mira, Nina, / no me preocupo por ella” a lo que ella responde “They’re not worried about me”. Lejos de usar esta traducción para simplificar el entendimiento de la canción para aquellas personas que no hablan español, este ejemplo sirve para ilustrar cómo los hijxs de inmigrantes, quienes tienen más facilidad de aprender inglés debido a su corta edad y a que se encuentran casi totalmente inmersos en este contexto cultural, se convierten también en traductores de sus mayores. Por otra parte, la abuela Claudia es uno de los personajes que mezcla más el inglés y el español, tanto en sus diálogos como en sus canciones. En algún momento le dice a Nina: “mira, when my mamá came from Cuba…” y este diálogo se siente completamente natural porque las partes del discurso se integran exactamente donde tienen que estar, independientemente del idioma en que se expresen; este también es un ejemplo del code-switching constante entre los Latino-americanos. Y no sólo esto, sino que las canciones también integran el español de manera inteligente y correcta, un ejemplo que disfruto mucho es cómo hay palabras en español y en inglés riman entre sí, como en la canción “Paciencia y fe”: “You better clean this mess/ (paciencia y fe) / You better learn inglés”. La manera natural en la que ocurren las rimas entre los dos idiomas ayuda a integrarlos no en una mezcla homogénea, sino en una mezcla heterogénea que permite diferenciar cada cada elemento pero que, al mismo tiempo, asume esos elementos como parte de un todo. Quizá un poco de la misma manera en en que la comunidad latinoamericana es diversa pero, al mismo tiempo, tiene mucho en común.

En fin, podría pasar otras ocho páginas analizando esta película, pero eso ya sería demasiado para una sola entrada. Definitivamente, el musical y su adaptación no son perfectos, y como todo en la vida, hay cosas que podrían haber hecho mejor, pero creo que es un gran paso para transformar la manera en la que se representan diversas culturas y tradiciones en el medio hollywoodense.[5] Si bien pienso que no es necesario identificarse o empatizar con las personas en la pantalla para apreciar una ficción, me hace muy feliz tener la oportunidad de hacerlo. Amo los musicales pero nunca antes me había visto en uno, nunca antes había sentido que yo podía ser parte de una de esas historias.

Notas:

[1] Los títulos de los musicales están es español o en inglés dependiendo del idioma en que los vi/escuché.

[2] De acuerdo con un artículo publicado por la revista electrónica musical Four Over Four, lo que define el “‘Sonido de teatro musical’ son los métodos vocales clásicos y operáticos. Estos incluyen ‘vibrato consistente, vocales altas y redondas, suaves transiciones entre registros, calidad de tono balanceada y una dicción propia.’” 

[3] Según el Bureau Census de 2019, hay aproximadamente 60,5 millones de latinoamericanxs viviendo en Estados Unidos (aproximadamente 18,4 % de la población total).

[4]  En el siguiente artículo se encuentra un recuento de los hechos relacionados con esta cuestión y cómo Disney eventualmente desistió en el proceso: https://www.theguardian.com/film/2013/may/08/disney-trademark-day-dead-festival-pixar

[5] La comunidad afrolatina de Estados Unidos expresó su descontento ante la falta de protagonismo y representación de personas latinas de color en la película. Lin-Manuel Miranda se disculpó y prometió aprender de este error. https://www.nytimes.com/2021/06/21/movies/in-the-heights-colorism.html

Bibliografía:

Bertacco, Simona. “Introduction.” Language and Translation in Postcolonial Literatures: Multilingual Contexts, Translational Texts, Routledge, 2018. 

Maslon, Laurence. “Elements of the Musical.” PBS, Public Broadcasting Service, 1 Oct. 2012, http://www.pbs.org/wnet/broadway/essays/elements-of-the-musical/. 

Team Jukely, et al. “Why Does Musical Theater Sound so Different than Pop Music?” Four Over Four, 12 June 2018, http://www.fouroverfour.jukely.com/culture/musical-theater-sound-different-pop/. 

2 comentarios en “Reflexiones sobre la representación de Latinoamérica en In the Heights (2021)

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