Historias de vida convergentes en Hyrule Warriors: Age of Calamity (2020)

Por Olimpia C. RoMon

Es el año 2020 y el mundo se encuentra tornado en una calamidad. Irónicamente, Nintendo anuncia el videojuego Hyrule Warriors: Age Of Calamity, juego canónico de la saga The Legend Of Zelda.

Estrenado el 20 de noviembre del mismo año, Age of Calamity cuenta con una narración que tiene como objetivo principal esclarecer los hechos suscitados 100 años antes de los retratados por The Legend Of Zelda: Breath Of The Wild (2017), su entrega antecesora. Con esta premisa, el juego nos va enviando pequeños mensajes que desmenuzan los misterios de la que se considera una de las más tristes derrotas en la historia de los videojuegos.

¡Al ser una reseña del juego se informa que hay spoilers de toda la entrega, así como de The Legend Of Zelda: Breath Of The Wild!

El estilo de narración de Age of Calamity nos brinda una experiencia única, puesto que nos sumerge en la personalidad y sentimientos de cada personaje: en esta ocasión tendremos la oportunidad de controlar a todos los aliados y enemigos de Link. De este modo, la historia deja ver la preocupación de cada uno de ellos, sus miedos y desafíos, así como una cuestión verdaderamente importante: la identidad y el sentido de pertenencia al salvar a Hyrule, su tierra.

Pero, ¿cuál es el motivo de todo esto?

Por su juego antecesor, ya sabíamos el final de Age of Calamity: Link cae en batalla, sin enfrentarse a la Calamidad Ganon; los campeones de las distintas tribus que habitan Hyrule (Zora, Goron, Orni y Gerudo) pierden la vida y por tanto las Bestias divinas que manejaban ceden su control al mal; la princesa Zelda despierta su poder, después de salvar a Link de una muerte inminente, y se retira al castillo de Hyrule para contener a Ganon hasta que, una vez sanado, Link despierte de su letargo sin recuerdos, recupere la Espada Maestra y salve a Zelda (esto último es recurrente dentro de las entregas de esta saga). Es decir, ya sabíamos que, aunque que hiciéramos lo que pudiéramos para intentar ganar, perderíamos la batalla; sólo que ahora seríamos nosotros los que viviríamos esta derrota y no sólo nos contarían acerca de ella.

Por otro lado, The Legend Of Zelda logra una vez más su cometido: conectarte con los personajes.

Al avanzar en la historia, mientras se buscan las estrategias para vencer al mal, cada personaje va creciendo para convertirse en héroe. Recae en ellos el peso de salvar a los demás y, por tanto, su sentido de responsabilidad tiene que ir más allá de todos sus temores y angustias. Tal como nosotros atravesamos experiencias que nos hacen dudar si seremos capaces de superarlas, cada uno de estos individuos muestra su lado más noble, en el cual un solo objetivo debe marcar su camino; es su destino y pase lo que pase deben lograrlo. Esto nos lleva a concluir que todas las personas y personajes tienen un motivo, incluso aquellos que persiguen el mal y, por lo mismo, que siempre en toda situación existen dos versiones o más de la misma historia.

La noción de destino en Age of Calamity, más que como imposición, demuestra que siempre existen fuerzas más importantes que no ceden ante el camino ya trazado, que terminan rompiendo todas las posibilidades y dejan a su paso una nueva aventura con sus respectivas causas y consecuencias. Esto se asemeja a la vida de cada uno de nosotros, siempre con desafíos que tienden a superarnos, pero en la que ese espíritu de pertenencia, esa conexión entre el mundo externo y nuestro mundo interno, brinda un nuevo panorama.

Se presentan, a lo largo de la historia de Age of Calamity, datos, hechos y personajes que al jugador no le son familiares (por no ser presentados en BotW). Entre ellos: un “mini guardián” que protege a la Princesa durante el progreso; un Rey de Hyrule más sofisticado en cuanto a la planeación de estrategias (se trata de un individuo imponente que tiene que salvar a su pueblo a como dé lugar); una consejera Impa con una personalidad nunca antes vista (social, empática y más amiga de la princesa que guía, dejando ver una relación mucho más íntima entre ellas dos); y, finalmente, el retorno de Ganon, el cual se pinta un tanto diferente pues ocurre antes que en BotW. Este retorno precoz del antagonista nos permite ser testigos de una invasión al castillo de forma mucho más personal; una invasión en la que, pese a nuestros esfuerzos, sobreviene el fracaso y, todavía más delicado, se sufre una pérdida: la del Rey de Hyrule, quien es (más relevante aún) el padre de Zelda. Con la inserción de estos nuevos datos, personajes y perspectivas, nos sobreponemos a un cambio radical en la historia, que sabemos afectará la línea temporal prevista para 100 años después.

Sin embargo, a pesar de esto, todo apunta al final predicho en BtoW: Ganon venciendo, los héroes derrotados.

El modo de juego de Age of Calamity permite elegir las batallas a vivir y los retos a vencer; de tal forma que vemos desde cerca cómo los campeones están a punto de caer en batalla y cómo sufren al perder la conexión con su bestia divina. El giro de tuerca llega cuando, justo en ese momento, ¡sus sucesores de 100 años después (los presentados en Breath Of The Wild) acuden al rescate! Esto modifica totalmente el argumento inicial que prefiguraba una derrota. Es aquí que el juego nos lleva a reflexionar no sólo sobre los desafíos de la vida cotidiana, sino sobre aquellas redes de apoyo que siempre estarán para ayudarnos. Ya sea un familiar, un amigo o un guerrero, encontraremos aliados que harán esta batalla-vida más llevadera.

Asimismo, a base de altas y bajas, la historia presenta cambios radicales que alegrarán la sensación de jugarlo y, sobre todo, nos pondrán en contacto con nuestro lado más sensible. Por ejemplo, Terrak, el llamado “mini guardián” (misterio mantenido durante casi todo el juego, hasta un momento clave), tiene relevancia más allá de ser un un viajero en el tiempo, pues termina por recordarnos que lo más importante para hacernos más fuertes, para conocernos a nosotros mismos y saber de lo que somos capaces es el amor: amor de madre, amor de padre, amor de amigos, amor a un ser amado, amor a un pueblo. Todos y cada uno de los habitantes del reino de Hyrule están motivados por el amor.

Finalmente, como todo en la vida, existen sucesos que marcan quiénes somos. A lo largo de toda la trama de Age of Calamity se dejan ver los puntos cumbre en la evolución de la personalidad de cada personaje y, sobre todo, el arduo camino que recorren para superarse. Es algo así como crecer junto con ellos.

Esta entrega simplemente nos hace ver de manera evidente las diferentes oportunidades que la vida te pone, dejando a la luz un mensaje: “Trasciende al destino, pues siempre habrá más de una oportunidad de intentarlo de nuevo. Sin importar la adversidad, todas las historias, bucles, líneas de tiempo y personalidades convergen en un mismo objetivo: ama, sé leal, firme y valiente y, así, fuerzas misteriosas vendrán en tu ayuda.

Olimpia C. RoMon

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